Punto de vista de Nadia
El temblor bajo nuestros pies no era solo inquietante —era una advertencia, un pulso de energía que parecía vibrar a través de mis huesos, poniendo cada nervio en alerta mientras la mano de Adrian agarraba la mía con certeza de hierro. Elena se aferraba a mi lado, su pequeño cuerpo temblando, y susurré en su cabello: “Mantén la calma, solo respira, confía en mí”, pero mi propio pulso era un tambor caótico en mi pecho, un ritmo frenético que no podía controlar. El ceño de