Su nombre escapa de mis labios, evocando un torbellino de emociones. La presencia de Noah es abrumadora, trayendo a la superficie recuerdos y sentimientos que creía haber superado.
Durante unos breves minutos, que parecen extenderse en horas, nos miramos en silencio, como si ambos esperáramos que el otro tomara la iniciativa, teniendo cuidado de no decir nada inapropiado. Finalmente, decido actuar.
— Sorprendente verte por aquí. — digo, tratando de mantener un tono de voz firme para ocultar el