Entraron a la casa, bajo los chillidos la su madre y tía que mostraban su terror y preocupación, Savannah se guardó el arma en la funda y respiró hiperventilando, buscando tranquilizarse, sentía lava hirviendo correr por sus venas... nunca, nunca nadie la había golpeado jamás.
¡¿Cómo se atrevía Tomás, como?!
—¡INFELIZ DESGRACIADO!—rugió furiosa y sus ojos se llenaron de lágrimas ante la impotencia.
—Ven aquí, tesoro— una de las empleadas llegó corriendo con lo que parecía ser un botiquín de pr