Durante el resto de la noche, Annie no se separó de Anthony. Permaneció atenta a cada uno de sus movimientos, vigilando su respiración, asegurándose de que descansara tranquilo y sin sobresaltos.
A la mañana siguiente, cuando Anthony despertó, ya ella estaba lista para ir a la empresa.
—¿Qué haces vestida así? —preguntó él.
—Imagino que no podrás ir y alguien debe ocuparse de la inmobiliaria ¿no?
—Hoy no iremos ni tú ni yo a la empresa —dijo con voz firme—. Quiero que vayas a buscar tu ve