Thomas permaneció inmóvil, parado cerca de la puerta de la biblioteca, mientras aquellas palabras retumbaban en su cabeza. En ese momento, una voz aguda lo sacó bruscamente de sus pensamientos.
—Thomas… —Alice lo llamaba desde el pasillo.
Se giró de inmediato, intentando ocultar su asombro y desconcierto tras de lo que acababa de escuchar.
—¿Vienes? —preguntó ella.
—Sí, claro. —respondió aturdido.
Avanzó hacia la sala y regresó junto a ella al comedor, intentando actuar con normalidad.
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