Aprovechando la confusión en que incluso Olga se encontraba, Maximiliano corrió hacia la mujer que sostenía el arma, golpeando su mano para que la soltara; luego empujó a Olga al piso y la sometió mientras gritaba el nombre del amor de su vida quien, cara al piso, no hacía ruido alguno.
Maximina corrió hacia Marisa, igual que su nieta, y ambas la llamaban, pero ella no respondía. Marisa solo las veía, intentando pedirles que no se preocuparan por ella, pero las palabras no salían de su boca.
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