10 - Mucho gusto, soy la dueña de su amor.
Hice una mueca, cuando sentí el frío líquido tocar mi piel. No iba a hacer una escena ridícula, pero sí, me sentía molesta, y desde un principio, presentí que esto iba a pasar.
—Actos pobres, provienes de personas pobre de inteligencia —siseo—. No se preocupe por mí, señor Wright.
Me extiende una servilleta, cuando la mujer que me vertió el agua se pone de pie.
—¿Cómo te atreves a llamarme pobre? —grazna la misma—. Defiéndeme, Isma.
Sonrío y me pongo de pie, para retirarme, tomando la servil