125. No te duermas
125. No te duermas
Nathan entró a la habitación, miró a su Layla en el sillón leyendo un libro sobre los cuidados del bebé. La observó en silencio por unos minutos mientras se desabotonaba los primeros botones de la camisa y se remangaba las mangas hasta el codo.
Su paso fue lento, sigiloso, como si no quisiera que ella se diera cuenta de su presencia. Lo cual era imposible.
Layla sabía que había llegado apenas la puerta se abrió y el aroma de su colonia inundó sus fosas nasales. No obstante, d