Lauren cerró los ojos un instante, dejando que aquella felicidad se asentaran dentro de ella, y cuando los abrió, la emoción era evidente.
—Nuestro hijo… —repitió, con una sonrisa más firme—. Suena… hermoso.
En ese momento, la puerta de la sala se abrió con brusquedad, y varias figuras entraron casi al mismo tiempo, rompiendo la calma que se había instalado.
—¡Lauren!
La voz del señor Ellison fue la primera en escucharse, cargada de una urgencia que no intentaba disimular, y cuando Mark levantó