La puerta de su oficina se cerró. Dejándolo solo con Adler.
Soltó el aire que había estado conteniendo. Sus músculos, finalmente se relajaron un poco. Esa mujer lo había puesto de los nervios. Tenerla en su oficina ya era bastante caótico. Ver sus miradas traviesas, sus sonrisas podían provocar que Bastián dejara de respirar. No entendía cómo alguien tan impredecible podría causarle tanto enojo y, a la vez…
No.
No quería aceptarlo, no aceptaría trabajar con ella.
Pensarlo era peligroso en sí mi