Santos
Guillermo se había sentado a mi lado después de la eucaristía, el padre nos invitó a almorzar, luego continúa con la misa de tres y yo tomé la decisión de viajar a Bucaramanga. Entre más rápido haga lo que necesitaba hacer, puede que sea más rápido el regresar por mi Pequeña.
—¿Entonces pudiste verla? —Nos sirvieron la sopa.
—Sí, ver que está viva, escuchar el corazón de mi hijo, decirles cuanto los amo y que estoy lo más cerca que me lo permiten, fue tranquilizante.
—Me alegra hijo, te