Los días que siguieron a que Mateo pronunciara por primera vez la palabra "papá" se desarrollaron con ritmo diferente al que Samir había conocido durante toda su vida adulta. No era el ritmo frenético de reuniones corporativas encadenadas y negociaciones que duraban hasta la madrugada. No era la urgencia artificial de fechas límite impuestas por egos inflados y ambición desmedida. Era el ritmo más lento pero infinitamente más demandante de cuidado real: cambios de turno en hospital, conversacio