POV de NINA
Entre recetas electrónicas, historiales clínicos acumulados en la pantalla del ordenador y pacientes que entraban y salían buscando respuestas a sus dolencias estacionales, el ritmo de mi trabajo exigía una concentración absoluta. Sin embargo, aquel martes de septiembre, tras colgar la llamada en la que Jose me había comunicado la confirmación oficial de su exposición individual en Santander, una sensación de profunda ligereza y orgullo se había instalado en mi pecho, acompañándome