Punto de vista de Rowan
No sentí el trayecto de regreso al palacio.
Solo recuerdo el peso de Kael en mis brazos cuando bajé del coche, la forma en que su cabeza colgaba contra mi hombro, su piel demasiado pálida, su cuerpo demasiado inmóvil para alguien que acababa de destrozar un ejército de rebeldes como una tormenta hecha carne. Las puertas del palacio se abrieron entre pánico y susurros, y mis guardias corrieron hacia mí en cuanto me vieron cargándolo.
—Mi Alfa… ¿qué ocurrió? —preguntó uno,