La casa no era grande ni espaciosa, pero sí lo suficientemente amplia como para albergar a una gran familia nuclear, era un bungalow. Mientras miraba la casa, se dio cuenta de que nada había cambiado, seguía siendo la misma antigua casa que había llegado a conocer.
Exceptuando, claro está, las plantas y los árboles, que han crecido más y las flores que servían de decoración exterior también. Los débiles olores de las flores y con el de las plantas impregnaban el aire. Ciara lo olió lentamen