CIARA
El complejo y la casa grande que contenía no habían cambiado en lo más mínimo. Las criadas todavía estaban vestidas con sus habituales uniformes de seda negra y los guardias eran sólo tres, como siempre, pero ahora manejan rifles pesados.
No sé por qué tuvieron que optar por armas tan grandes que me asustaron, pero tuve que ser un hombre y actuar sin miedo. Por cierto, vine por mi hijo, no por sus vidas.
Las criadas me saludaron cuando me vieron acercarme, pero las ignoré. No vine aquí pa