La bocina sonó, cortando el silencio de la tarde. Miré mi reflejo por última vez en el espejo agrietado, apoyado contra la desgastada pared de mi pequeña habitación. Mi sencillo vestido flotaba a mi alrededor como un susurro de seda, con una elegancia discreta pero significativa.
Respiré hondo para estabilizarme. El amor llegará más tarde, me recordé, apretando las manos para que dejaran de temblar.
Al salir, el aire fresco me mordisqueó las mejillas. El coche estaba parado junto a la acera, u