—Le dijiste a Genevieve que yo vendría, ¿verdad?
—Sí, se lo dije.
—¿Y no se opuso?
La mandíbula de Christian se tensó, pero permaneció en silencio. Aunque, en realidad, no necesitaba decir nada.
—No quiere que esté aquí —suspiré.
—Eso no importa.
—Sí importa. Ella es la madre de Chloe.
Estábamos sentados en la parte trasera del coche de Christian. Sorprendentemente, el tráfico estaba ligero, y llegábamos con más de media hora de antelación al almuerzo. Ya tenía los nervios de punta. Esta nueva