El punto de vista de Richard
Sus sonrisas burlonas, la forma en que sus labios se curvaban hacia arriba como si hubieran estado esperando mi llegada toda la maldita vida, hicieron que se me revolviera el estómago. ¿Qué carajo se creían que era? ¿Un peón en su estúpido juego?
—¿Dónde está mi hijo? —pregunté sin rodeos, sin ganas de perder el tiempo. Podían guardarse esa actitud para después. Yo estaba de un humor de perros en este momento y no tenía tiempo para sus impertinencias.
—¿Tu hijo? —re