La conmoción entre los dos atrajo las miradas de todos los estudiantes en el aula.
Sin embargo, nadie se atrevió a intervenir.
El aura fría y amenazante de Nicolás les hacía sentir pánico.
Al ver la situación, Liliana también se puso de pie rápidamente. —¡Nicolás, suéltala!
Nicolás no solo la ignoró, sino que apretó aún más sus dedos.
El rostro de Sara se puso cada vez más pálido. Liliana, desesperada, agarró el brazo de Nicolás.
—¡Nicolás! ¡Ya basta! ¡Estamos en la escuela, detente ahora mismo!