—Tu fortuna de billones, las antigüedades y pinturas, si las derrochas, está bien. Te he dejado una fortuna que podrías gastar durante tres generaciones, ¡pero absolutamente no debes meterse con mi salvador! ¿Entendido?
Yaritza se tocó la frente. ¿Por qué demonios se metería con David?
Repitió varias veces “entendido” para tranquilizar a Daniel.
Finalmente, Daniel se relajó un poco y le entregó algo pequeño y duro.
Yaritza abrió la palma de la mano y vio que era el anillo que había perdido en la