—¡Suéltame ya! —grité.
—Esmeralda, no tengas miedo, no hagas esto, no voy a dejar que te pase nada, ya lo tengo todo planeado. Solo tienes que sacar a los secuestradores.
David sabía que, por más que dijera que todo estaría bien, yo seguiría asustada. Y no importaba lo que dijera, no podía obligarme a hacer algo como esto.
Al principio, cuando los secuestradores le pidieron que me entregara a cambio de Luna, ni siquiera lo pensó, lo rechazó de inmediato.
Pero, luego, los secuestradores l