– ¿Qué es toda esta mierda?
La mujer del último escalón llevaba una bata roja y sujetaba un lazo alrededor de la cintura mientras intentaba mantener la ropa cerrada.
Cesare Santorini no se dejó intimidar por la situación ni un solo segundo, aunque sabía que si su amante no hubiera encendido la luz, estaría besando a Madson.
– ¡Eso es exactamente lo que ves!
Se limitó a levantarse, con unos cuantos fragmentos en las manos, mientras Madson se ponía los suyos en su sitio. Seguía llevando guantes,