CAPITULO 39

Llegué hasta la puerta y mi pulso se aceleró al notarla entreabierta. Un presagio perturbador nubló mis pensamientos, me imaginé miles de escenarios donde en todas las escenas, Diego resultaba lastimado.

Al pensar en él, en su integridad y seguridad, me armé de valor e ingresé a la casa con cuidado. Mis ojos viajaron con rapidez a la mesa cubierta de rosas, copas de vino y velas; suspiré tranquila. Tal vez era adrede todo y Diego

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