CAPITULO 147

Cuando dije aquellas palabras, Ana me vio como si hubiera visto un fantasma.

—No juegues conmigo de esa manera, Diego —resolló, nerviosa, y desvió la vista hacia el mar.

—No lo hago en ningún sentido —repliqué con paciencia al dejarme caer en la arena a su lado. Quedarme de cuclillas frente a ella, la perturbaba. Lo sentía y me dolía—. ¿Cuándo he bromeado con cosas así?

Soltó un largo suspiro.

—Quizá has cambiado. Quién sabe —contestó como si estuviera lejos y removiera algunos recuerdos de cua
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