—La verdad, Diego, es que traté —dijo entre suspiros. Bajó los hombros, resignada—. Cada día, desde que nos separamos, traté de olvidarte. Cada mañana intentaba borrarte de mi memoria. Cada vez que pensaba que lo estaba logrando, tu recuerdo aparecía de la nada para atormentarme y volver a gritarme que nunca lo lograría, pues te amaba y te amaría por el resto de mi existencia —respondió para mi regocijo. No pude evitar sonreír sobre sus labios—. Yo... yo sé que me hago daño queriendo arrancarte