No logró dejar de llorar y por ello Emiliano no ha dejado de abrazarme desde que llegué. Él se alarmó cuando me vio en este estado por lo cual debí ser honesta y explicarle mi situación.
Él no deja de acariciar mi cabello mientras me repite que todo estará bien.
—Debes intentar calmarte, al bebé puede hacerle daño.
—Me mintió durante toda la vida y fingió que me quería cuando siempre me negó.
—Yo que tú le reclamaba la herencia —Habla Margarita
—¿De qué me serviría el puto dinero?.
—En que mundo