De a mentiras...

Cuando era niña mi padre y yo jugábamos al juego de a mentiritas. A veces mi padre era un cazador de niños, otras un príncipe encantado, pero su personaje favorito era el de un ladrón de corazones, que al final del juego terminaba dándole su corazón a una princesa —que era mi madre—, pues había perdido su corazón porque yo, que representaba a una bruja, la había encantado.

Todav&iac

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