El ambiente en el auto de Izan es tenso, él no me mira y conduce con maestría y parece totalmente concentrado en la ruta, pero puedo notar los nudillos de sus manos blancos de apretarlos contra el volante.
— ¿Qué pasa? — le pregunto, me molesta su lenguaje verbal, como si estuviera todo el tiempo juzgándome.
— No sé de lo que hablas — me responde y me mira un segundo para de nuevo concentrarse en la vía.
— Desde aquí puedo escuchar tus pensamientos, juzgándome como si tuvieras todo el derecho d