Punto de vista de Mateo:
No me moví. No de inmediato.
Porque cuando escuchas a alguien ordenando tu muerte y esta vez es real, no es tu mente jugándote una mala pasada, el cuerpo se congela solo.
No de miedo. De cálculo.
Para sobrevivir hay que callarse.
Me quedé pegado a la tierra, medio enterrado, respirando despacio y muy bajo. Podía ver sus pies por la grieta. Botas de diseño. De las que cuestan lo que un trabajador normal no ve en meses.
La voz volvió.
—Si sale arrastrándose, dispárale. Li