Le venganza Se sirve fria

Punto de vista de Camila:

Traición. Shock. Dolor. Ninguna palabra alcanzaba para describir lo que sentía.

Valeria me había prometido reunir a mis padres, pero resultó que ella era quien los había estado separando todo este tiempo.

—Papá… Valeria —volví a llamarlos. El corazón se me hacía añicos. Se separaron y me miraron.

Papá se abrochó el pantalón.

—Princesa —me llamó.

Dejé que las lágrimas cayeran solas. Podía ver el shock y el dolor en los ojos de Valeria, pero la víctima aquí era yo.

—Puedo explicarlo, Cami, de verdad —Valeria se acercó a mí pero la detuve con un gesto.

Se quedó quieta.

—Papá, me has decepcionado —grité.

Quería tanto que mis padres volvieran… pero él estaba en contra y era por culpa de mi mejor amiga.

—Vuelve afuera, Cami —ordenó papá. Sin rastro de arrepentimiento en los ojos. Tranquilo. Como si nada.

Tenía que hacerle sentir su decisión. Me acerqué a Valeria y levanté la mano.

—Como la toques, te juro que te las vas a ver conmigo —amenazó papá.

Me quedé con la mano en el aire.

—Te odio, papá —salí corriendo del baño. Necesitaba salir de esa mansión. Me estaba ahogando.

Bip.

Miré el teléfono. Era un mensaje del grupo de la universidad.

*Graduación mañana por la noche.*

Lo leí y suspiré. De repente, un pensamiento oscuro empezó a tomar forma en mi cabeza.

***************

Punto de vista de Valeria:

Nada podría describir bien la vergüenza que sentía.

Ojalá Camila me hubiera abofeteado de verdad. Igual así volvía en mí. Igual me sentía menos culpable.

Me tumbé en mi cama en silencio, deseando poder retroceder el tiempo. Todo había pasado tan deprisa que no había podido procesar nada.

*Cric… cric.*

La puerta se abrió y me sobresalté.

Enzo, mi hermano pequeño, asomó la cabeza.

—¿Qué haces aquí? —arqueé una ceja.

—Pues… estás en casa hoy —entró sonriendo de oreja a oreja.

—Sí —puse los ojos en blanco y volví a tumbarme.

—¿Cómo está Camila? —preguntó.

El corazón me dio un vuelco. Recordé el odio en sus ojos. Suspiré. El pecho se me apretó tanto que me costaba respirar.

—No me hables de ella —le advertí. Él puso los ojos en blanco y salió de mi cuarto dando saltitos.

Enzo lleva una eternidad enamorado de Camila, que siempre lo ha tratado como a un hermano pequeño. Tiene diecinueve años, apenas unos meses menor que nosotras.

Me tapé con el edredón llorando.

—Lo siento, Cami. No pude controlar lo que sentía —murmuré.

*Bip.*

Miré el teléfono. Era un correo de la universidad.

*La graduación de mañana es obligatoria para todos los estudiantes del Colegio de Roma.*

Solo de pensar en ver a Camila al día siguiente se me encogió el estómago.

******************

Punto de vista de Mateo:

Retuve a Valeria del brazo.

—Yo me encargo de mi hija —ella soltó mi mano.

—Me voy —caminó hacia la puerta y salió del baño.

Suspiré hondo, salí detrás de ella y me encontré a Lucía apoyada en la pared, esperándome con una sonrisita que me sacó de quicio.

Pasé de largo ignorándola.

—Camila debe estar muy decepcionada —me detuve en seco.

—No te atrevas a tocarla —la advertí.

—No le voy a hacer nada, pero no puedo garantizar que Camila la deje pasar —Lucía puso la mano en mi pecho.

Se la quité de un golpe y la sujeté del cuello con fuerza, apretando.

—No le voy a hacer nada, te lo juro… —suplicó. La solté, cogí un pañuelo, me limpié las manos y lo tiré.

—Vuelve a los Estados Unidos. Camila estará bien sin ti —declaré.

—No, ahora me necesita. No cuando tú tienes una relación prohibida con su mejor amiga. Le estás destrozando la cabeza —gritó.

—No te metas en cómo llevo yo mis cosas, ¿entendido? —grité. Las venas del cuello me pulsaban de rabia.

Lucía se encogió sobre sí misma, abrazándose del susto.

Salí de allí y me encerré en mi despacho. Marqué el número del jefe de seguridad.

—Buenas tardes, señor —descolgó al primer tono.

—Vigila a Camila —ordené. Al menos tenía que saber que estaba bien.

—Mando a mis hombres a buscarla —respondió en voz baja.

—¿Ha salido de la mansión? —alcé la voz. Pensé que estaría en el jardín.

—Lo siento mucho, señor —se disculpó.

—Como le pase algo a Camila, no creo que puedas conservar tu puesto —grité, y colgué.

*********

Punto de vista de Camila:

Bajé del taxi y pagué al conductor. Miré el bungalow pintado de verde.

—Esto es por ti, Valeria. Espero que no te arrepientas —sonreí.

Marqué el número que me había aprendido de memoria.

—¿Hola? —escuché su voz adormilada al otro lado.

—Soy Cami —dije despacio.

—¿Qué? —la alegría en su voz fue inmediata. Apreté el puño. Sabía que él no tenía ninguna culpa, pero alguien tenía que pagar las consecuencias.

—Estoy perdida aquí fuera, por favor sal, no sé qué hacer —supliqué, esperando que notara la desesperación en mi voz.

—Ahora mismo salgo —respondió. Escuché movimiento al otro lado del teléfono.

—No cuelgues —murmuró. Sonreí levemente.

Lo vi abrir la verja. Le dije su nombre en voz baja.

—Enzo.

Se giró.

—Cami, ¿estás bien? —se acercó rápido.

¿Cómo no me había fijado antes en lo guapo que era? Alto, fuerte, con una mandíbula marcada que… ¿me estaba enamorando?

Se acercó a mí y me abracé a él sin pensarlo.

—No quiero entrar. Valeria me odia ahora —forcé las lágrimas.

Me abrazó fuerte.

—No, te quiere, Cami. Sois amigas —me consoló.

Amigas, claro. Y aun así no pudo controlarse y se acostó con mi padre.

—Abrázame más fuerte —me pegué a él, respirando su olor. Noté su aliento cálido en mi hombro.

La verja se abrió de golpe y Valeria salió.

Enzo estaba en su mundo y no vio a su hermana, pero yo sí. Vi perfectamente el shock en su cara. Las lágrimas le nublaron los ojos en segundos.

Se quedó clavada en el sitio, con una expresión rota.

Sabía que era venganza. Sabía que estaba aprovechándome del cariño que Enzo me tenía. Pero alguien tenía que pagar las consecuencias.

—Bésame —le ordené.

Enzo acercó su cara a la mía y tomó mis labios.

Yo no aparté los ojos de Valeria. La vi llorar. Acerqué a Enzo más a mí, abriendo los labios para dejarle paso.

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