—Darko, llegué —grité apenas entré, arrepintiéndome al instante, pues mi hermosa princesa se levantó con curiosidad en sus ojos.
Escuché risas procedentes de la cocina, acompañadas de algunas maldiciones por parte de Darko. Algo me decía que lo que vería no sería de mi agrado.
—¿Artem? —pregunté, entrando apresuradamente a la cocina— ¡¡Artem!!— grité horrorizada al contemplar la escena.
Todo su cuerpo estaba cubierto de merengue y harina. Los dos idiotas no eran la excepción. Pensé que Xander e