Maxwell miró la hora en su reloj y resopló, no podía creer que ella se había atrevido a faltar al trabajo sin avisar, incluso si hubiera avisado que no podría ir, se habría enfadado con ella por su incumplimiento.
Más tarde, decidió llamarla a su teléfono pero no le contestó, luego ya no lo intentó más porque en su oficina un tercero apareció sin previo aviso.
—Charlotte, ¿qué estás haciendo aquí?
La pelirroja lo perforó con sus enormes ojos azules y él bufó.
—¿Así tratas a tu prometida? Ma