“¿También la golpeaste?”, preguntó Eugene a la señora Neal con frialdad mientras fingía no haber oído lo que acababa de decir.
La expresión de la señora Neal se puso ligeramente incómoda. Eugene exudaba una sensación de frialdad opresiva, que la hacía sentir ligeramente culpable de sus actos.
“Así es. La abofeteé una vez. ¿Quién le pidió que sedujera al hombre de otra sin ningún autocontrol?”. La señora Neal no creía que estaba en lo equivocado por abofetear a Fern. Tal vez Fern aprendería una