“Tú... ¿Qué dijiste? ¿Estás dispuesto a dejarme ir?”. Sharon pensó que lo había escuchado mal.
Simon fijó una mirada sombría en ella. Él lucía más serio que nunca. “No me has oído mal. Puedo dejarte ir, pero hay un límite. Te daré un mes. Puedes ir a donde quieras, pero debes volver después de un mes. De lo contrario, te traeré de regreso yo mismo”.
Él podía entender la amargura que Sharon sentía dentro de ella en ese momento. Tal vez sería bueno para ella relajarse en un ambiente diferente