Sharon se liberó del ardiente beso de Simon con mucha dificultad. Sus labios ya estaban hinchados de tanto besar.
“Muy bien... Aún tengo que ir al aeropuerto”, dijo ella en voz baja.
Simon fijó su sombría mirada en el rostro sonrojado de ella. Su voz era ligeramente ronca cuando preguntó: “¿De verdad te vas a ir? ¿Puedes soportar dejarme?”.
Fue él quien le sugirió que saliera a relajarse y también fue el que le permitió marcharse. Pero en ese momento, él también era el que no podía soportar v