Capítulo 32. Corazón roto
A pesar de que la señora Martha se encontraba detrás de mí, no dijo nada, solo empujo mi silla hasta un lugar donde Roy amablemente había retirado la silla y posterior a eso se marchó, dejándome a merced de las mujeres a mi lado.
Las damas acapararon la conversación hablando de temas de los cuales no tenía conocimiento alguno, pero sobre todo hablaban del círculo social al que todos pertenecían, claro, excepto yo. Poco después sirvieron algunos platillos exquisitos, algunos de los cuales nunca