Mientras tanto, fuera del baño
Los minutos pasaban.
Uno.
Dos.
Cinco.
Uno de los guardias miró su reloj.
Frunció el ceño.
—Está tardando mucho…
El otro suspiró.
—Acaba de donar sangre. Dale un minuto más.
Pero la incomodidad ya estaba ahí.
Creciendo.
Pesando.
Hasta que finalmente, uno de ellos se lev