Rodrigo, sin decir palabra, extendió un vaso térmico hacia ella. —Café cargado. Negro. Como le gusta.
Valeria lo tomó como si fuera el Santo Grial. El primer sorbo le devolvió un poco de alma al cuerpo. —Gracias, de verdad. Eres el único hombre que no me ha decepcionado en las últimas doce horas.
Ro