CAPÍTULO 34. BESO ROBADO

Subí a la habitación que me habían asignado, me desvestí y me puse un pijama, no podía dormir, me sentía quebrantada de salud, aparte de que mi estado de ánimo no era el mejor, por más que trataba de que no me afectara por deferencia a mi bebé.

Acaricié mi vientre con emoción, porque ese pedacito de vida que estaba allí lo había amado desde que supe de su llegada. Comencé a e

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