—¡Escuchen, coño! —gritó Danilo intentando llamar nuestra atención.
No suponía una tarea fácil, en vista de que nuestra algarabía rellenaba el salón completo.
—A ver, ¿qué tiene que decirnos nuestro doctor favorito? —preguntó Joao.
La graduación de mi hermano se efectuó la tarde del primero de agosto, en medio de una organización universitaria muy ajena a la nuestra: donde mi persona fue la única reconocida por mis padres en la estancia, mientras Maël y Joao solo se limitaron a esperar en el es