Miré fijamente la fotografía que Kelvin me había entregado, y todavía no tenía ningún sentido.
Era una fotografía de dos jóvenes gemelas idénticas. No podían tener más de seis o siete años. Apenas se podía distinguir una de la otra. La única diferencia notable entre ellas era la ropa que llevaban.
La niña de la derecha llevaba un vestido rosa con un lazo atado alrededor de su coleta rubia. La otra llevaba el cabello suelto, con una pinza azul en forma de mariposa sujetándolo a un lado.
Aparte d