Ella
Gruño cuando despierto, pero no abro los ojos. Aún no. Siento que los acabo de cerrar hace diez minutos, mis pobres ojos necesitan descansar.
En lugar de eso, me tomo un momento para sentir mi cuerpo desde dentro hacia fuera, para ver qué duele y qué se siente bien. Me sorprendo cuando puedo sentir los restos del regalo de mi madre pasando a través de mí, lo que se sienten como pequeños tentáculos brillantes de luz que recorren mis extremidades, que a lo mejor me están curando. Sonrío