Punto de Vista de Elena
Me quedé de pie en el centro de la sala de estar y de repente no pude respirar. —Bienvenida a casa, Ellie —roncó Dante—. Te he estado esperando.
El sonido de su voz me erizó la piel. Se sintió como una mano fría deslizándose por mi espalda, arrastrándome de vuelta a esa oscura cabaña en el bosque. Casi podía oler el polvo y el miedo otra vez. Pero aquí todo era diferente. Dante era el que estaba de rodillas. Él era el que estaba a merced de mi padre.
Elario se acercó a A