**Punto de vista de Elena**
El dolor ya no estaba sólo en mi cara. Estaba en lo profundo de mis huesos, un dolor pesado y persistente que hacía que cada movimiento pareciera difícil.
Me recosté en la cama, mirando al techo y tratando de concentrarme en mi respiración. Podía sentir el calor irradiando desde mis mejillas hinchadas. Las bofetadas de Lucía habían dejado un fuego persistente, un recordatorio palpitante del odio profundo y feo que sentía por mí, y cada vez que mi corazón latía, m