—Oh, Dios mío —jadeó Naomi cuando aparecieron en una cueva oscura—. ¿Cómo hiciste eso? —preguntó, dándose la vuelta para buscar a Asher, pero la cueva estaba tan oscura que no podía ver nada. —¿Asher? —llamó.
—Estoy aquí —respondió él, provocando un jadeo en ella, ya que no esperaba oír su voz. Su voz llegó un poco lejos de ella y trató de ir hacia él. —Quédate ahí, ¿de acuerdo? —respondió con voz ronca—. Hay piedras aquí y no me gustaría que te lastimaras. Sólo dame un minuto. Usar la teletra