Un hombre se paró frente a una gran olla y estaba arrojando en ella un montón de cosas horribles. Cogió la cuchara y empezó a revolverla. Sus ojos se pusieron blancos cuando comenzó a murmurar un encantamiento y pronto, la olla comenzó a hervir y él siguió revolviendo y murmurando su hechizo.
La puerta se abrió y entró una mujer de cabello blanco como la nieve. Se acercó al hombre encapuchado y se inclinó. "Mi Señor, lo siento pero les perdimos la pista otra vez".
"¿Qué?" gritó el hombre,