Debbie
Los ojos ámbar de Rain estaban fijos en los míos. Parecía estar en trance, con el pecho subiendo y bajando en jadeos pesados y agitados. Me sujetaba los muslos, hundiéndome los dedos en la piel. El calor que desprendía era como estar parada junto a un horno. Era embriagador.
—Lo siento, nena —raspó. Su voz sonaba como si viniera del fondo de una cueva—. Me encantaría hacerte sentir bien... me encantaría tomarme mi tiempo... pero no puedo. Ahora no.
No dio explicaciones. No tenía que hace