River
Estaba sentado allí con la mandíbula tan apretada que sentía que los dientes se me iban a romper en pedazos.
Julius seguía de pie, con la mano extendida hacia Debbie como si le estuviera ofreciendo el mundo entero. Tenía esa sonrisa de suficiencia tan engreída en el rostro, el tipo de expresión que tiene un hombre cuando sabe perfectamente que te está provocando.
—Julius —dije, haciendo todo lo posible por no sonar como me sentía por dentro—. ¿Te das cuenta de que es una mujer casada?