**Debbie**
Cuando me puse a horcajadas sobre el regazo de Rex, el mundo fuera del jardín dejó de existir. Solo quedaba el aire fresco de la noche, el sonido de la fuente y el calor enorme y palpitante de su miembro entre mis piernas. Lo miré a los ojos; esos ojos azules que ahora eran de color ámbar.
No me apresuré. Quería sentir cada milímetro de él. Bajé las caderas lentamente, apoyando las manos en sus hombros anchos para mantener el equilibrio. Cuando la punta de su miembro abrió mi e